Barcelona, 17 de abril de 2026:
«El destacado dramaturgo español Carlos Be acudió a Pilsen para ver su obra», así reza el titular de cultura del diario Plzensky Deník, que se hace eco de mi visita a la República Checa para asistir a las representaciones de Clarissa —que en checo se titula Marissa, una laaarga historia que dejo para otra ocasión—. En cualquier caso: ¡cuántas alegrías me da este texto, la verdad!

Moving Station es una antigua estación de tren de Pilsen, rehabilitada como teatro, con un repertorio dedicado exclusivamente a la creación contemporánea. Clarissa se estrenó el año pasado allí, pero hasta la semana pasada no pude acudir, y eso que me podía la curiosidad. Ahora te cuento por qué:
Clarissa es un monólogo. Entonces ¿qué hacen dos actrices en escena? Las dudas quedaron resueltas cuando vi en acción a Blanka Luňáková —ganadora de un Premio Thalia, el reconocimiento teatral más importante de la República Checa— y Andrea Ballayová. Maravillosamente resueltas. Junto con el director Petr Vydarený, han creado escénicamente un mismo personaje con dos voces y dos cuerpos que se alternan, se solapan, se encabalgan y, en ocasiones, incluso debaten entre sí. Para aplaudir de pie.

De izquierda a derecha: Andrea, un servidor, Blanka y Olga Pašková, superproductora de Moving Station.
Tras la función, celebramos un encuentro con el público. El encuentro lo moderó Rézi Vydarená, escenógrafa y vestuarista de Clarissa, y mi querido Jan Písařík me ayudó con la traducción simultánea. ¡Llenamos la cafetería del teatro!







Al día siguiente, tras una entrevista en la radio nacional checa, Andrea nos invitó a conocer el prestigioso Teatro Alfa, teatro público de títeres fundado en 1963 que cuenta con dos salas, la mayor de 250 butacas. Después visitamos el club privado del teatro junto con Petr, que también actuaba ese día en Zorro!!!, un fascinante montaje de marionetas sobre el legendario héroe de ficción mexicano.

Hay otra visita imprescindible en Pilsen y es el Museo de la Marioneta, pero a ello le dedicaré una entrada aparte.
De regreso a Praga, nos recibió la gestora cultural del Instituto Cervantes Nadia Hutnik y también visitamos la biblioteca, un enclave único por sus vistas para la lectura. Allí nos reencontramos, después de muchos años, con Marcela Petru. Qué alegría.


Los viajes siempre tienen algo maravilloso, y cuando se suma el teatro, ni te cuento.
Muchas gracias a todos a los que he citado y también a mis queridos Martina Tóthová y Pavel Batěk, Daniel Saiz Lorca —¡el descubrimiento del viaje!—, al director artístico de Moving Station Roman Černík, a Kateřina Šteflová y sus fantásticos vídeos… Muchas gracias a todos… ¡y hasta muy pronto!


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