Esperanza fuerte, queridos venezolanos

Barcelona, 30 de junio de 2026:

A mediados de junio contacté con una docena de profesionales teatrales venezolanos para escribir un reportaje sobre el panorama actual de las artes escénicas en el país. El día 24 todo cambió. El teatro ya no tiene ningún interés, o al menos eso pensé en el momento de la catástrofe.

Trasnocho Cultural, el teatro que fue mi casa durante dos octubres seguidos, en 2023 y 2024, se ha convertido, como muchas otras instituciones, en centro de acopio y solidaridad: recogen agua potable, víveres, medicinas y más para distribuirlos entre los supervivientes de la catástrofe.

Recuerdo a los amigos y compañeros que allí conocí en aquellos años. A pesar de los esfuerzos diplomáticos de la Embajada de España, no pude volver en 2025 debido al agravamiento de las relaciones entre la dictadura venezolana y nuestro país. A principios de 2026, Venezuela empezó el año bajo un nuevo dictador; y ahora el terremoto.

Las historias que me llegan son devastadoras. Una amiga logró llorar tres días después del terremoto. «¡Por fin puedo llorar! ¡Esto es espantoso! ¡Venezuela no merece tanto infortunio! ¡Las dimensiones son demasiadas!». Efectivamente, las dimensiones son demasiadas.

Conozco a poca gente, la mayoría de ellos artistas: algunos responden que están bien, otros aún no lo sé, pero todos ellos han vivido la catástrofe: en Caracas, en La Guaira y a pocos kilómetros de allí, en las playas de Anare, donde hace un par de años nos acompañó Angélica Arteaga y nos mostró el paraíso.

Porque Venezuela es el paraíso. Por su capacidad de resiliencia.

Todos los profesionales teatrales con los que contacté coincidían en lo mismo al hablar del teatro venezolano: su capacidad de resiliencia. «El teatro en Venezuela se niega a morir», me escribió Luis Parada. Es resiliente como el alma de los venezolanos, concluyo ahora.

Venezuela es el paraíso porque sobrevive a todas las desgracias.

Muchos ánimos, queridos amigos y compañeros venezolanos, y «esperanza fuerte», como escribe Patricia Castillo.

Cuando todo esto haya pasado, volveré a escribir de vuestro teatro que tan bien retrata vuestras almas: victoriosas incluso en la desgracia.

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