Tragedia
Dorian
Sabemos que la humanidad está descarrilando.
¿Vamos a renunciar al placer por ello?

Dorian es un joven de dieciocho años que a todos confronta con los valores tradicionales y les anima a profundizar más allá de los tabús y los prejuicios para sumergirles en un torbellino de libertad, erotismo y belleza. Parafraseando a Henry, otro de los personajes: «Sabemos que la humanidad está descarrilando. ¿Vamos a renunciar al placer por ello?».
Carlos Be, en esta versión libre de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, nos desnuda e introduce, como clientes de un peepshow, alrededor de un escenario que es el mundo mismo para presenciar, calladitos y discretos como voyeurs, la perversión del alma humana, la indiferencia ante el dolor, el esteticismo y la decadencia del dandismo, la sumisión al deseo y a la belleza y el tránsito hacia la destrucción.
Esta propuesta sabe a tragedia griega, a destino ya trazado y a brochazos de Pier Paolo Pasolini.
El estreno absoluto de Dorian se celebra en La Pensión de las Pulgas (Madrid) en 2014 con dirección de Carlos Be y el siguiente reparto: Jorge Cabrera como Basil y John, Francisco Dávila como Sibyl y James, David González como Victoria y Wolfgang, Carlos López como Dorian, Javier Prieto como Agatha, Alan y Oscar, y Alfonso Torregrosa como Henry.
Premios
Nominación a Mejor Actor Revelación 2015 (Carlos López en el papel de Dorian)
Unión de Actores
Ficha
· Personajes: 11 personajes: Agatha, Alan, Basil, Dorian, Henry, James, John, Oscar, Sibyl, Victoria y Wolfgang (para un reparto mínimo de seis intérpretes)
· Año de creación: 2015
· Más información: Centro de Documentación de Artes Escénicas y de la Música
Producciones
La Casa Be
La Pensión de las Pulgas – Madrid (España, 2015)














Críticas
Carlos Be ha conquistado su propia madurez como dramaturgo reinventando el mito de Dorian de Oscar Wylde. El deseo de ser feliz se manifiesta de todas las formas posibles, sea buscando amor, sexo, fama, poder, amistad… Eros impulsa al ser humano a satisfacerse y justificar sus impulsos, pero a veces el precio de la conquista se ha de pagar a Tánatos.
Dorian posee belleza y juventud. Se sabe poderosamente irresistible, pero desconoce el peligro de la atracción que los demás… sienten hacia él. ¿Quién es realmente responsable del dolor ajeno? ¿Dorian por hacerse desear o el resto por desearle?
Carlos Be es absoluto maestro de la tensión dramática. Prologa con una escena de amor erótico, perfecto, casi inocente, y sutilmente, con cada nuevo personaje y situación, va desmadejando el dolor y el horror humano, los sentimientos y deseos ocultos, los más sublimes y los más destructivos, indistintamente.
Las criaturas que el dramaturgo escribe se salen de su propio libreto. Se obstinan en su libre albedrío y se lanzan al abismo del drama.

Estrella Savirón
Lo destacado de esta propuesta es como Carlos Be se sumerge en lo más profundo de los deseos y anhelos humanos sometidos al mandato de la belleza y la hipocresía.
El punto más fuerte de esta obra no esta solamente en el contundente e incisivo texto, donde juegan sin control la moral o la falta de ella, el deseo, el amor, las relaciones, la muerte…. También se apoya y muy fuertemente en excelente trabajo de dirección y en un equipo actoral compacto en un trabajo difícil y arriesgado que demuestra su buena calidad como actores. Seis actores dan vida los once personajes que aparecen en la obra.

Miguel Pérez Valiente
A este tahúr de las emociones no se le da bien ir de farol y, en lo que a Dorian concierne, no lo hace. El órdago es arriesgado pero también cabal, juega con buena mano. Carlos pone sobre el tapete, con su mirada inmisericorde, muchas de las servidumbres que someten a nuestra sociedad. Buen buceador del alma humana a Be no le interesan las aguas claras, solícito se sumerge hasta lo hondo para remover el fango y traer a la luminosa superficie parte de ese barro fundacional.
Apoyado en el espléndido texto de la novela cuasi homónima de Oscar Wilde, publicada en 1890, Carlos Be ha creado con Dorian una dramaturgia llena de nervio que actualiza la reflexión sobre el demoledor impacto que provoca el excesivo sometimiento a la belleza, y a la vanidad que, indefectiblemente, acompaña a ésta. El tema no puede ser más clásico y, por lo tanto, no puede ser más actual y más universal. Quizá, por eso, es imposible localizar a este Dorian que enseñorea su ponzoña con paradójica ubicuidad por plazuelas de Praga, Bogotá, Nueva York o Madrid.

María Cabrera
El retrato de Dorian Gray en las manos de Carlos Be es una elección maestra. Su prolífica personalidad arrasa en el panorama teatral menos oficial, con varias obras en cartel, llenando las salas más atípicas, inaugurando espacios, mereciendo con cada obra aplauso tras aplauso.
Su versión de Dorian es un insólito, potente homenaje a una historia de pasiones perversas y magníficas.

Adolfo Simón
Carlos Be ha escrito un hermoso texto que trasciende la historia de Oscar Wilde para hacer de este cuento de monstruos y efebos un viaje atemporal, que ocurrió o no en Turquía en el siglo IV y que podría haber existido en Nueva York o Paris en el siglo pasado.
Nunca ha muerto Dorian porque él se esconde entre los pliegues de la piel cuando esta envejece.
Este vampiro de sueños y deseos trasciende al tiempo y las guerras porque su misterio se camufla tras una sonrisa mortal.
El autor casi ha escrito un tratado filosófico sobre la belleza, el dolor y el tiempo. Y lo sitúa certeramente en un mundo donde el arte vale lo que pagues con el cuerpo y la mente. Porque todos queremos atrapar la belleza pero más nos seduce si podemos dominar el deseo y los sueños de los otros.
Un texto sólido, lleno de espacios literarios para la cabeza y para el corazón de quien lo escuche. Y además, se ha enfrentado a dar vida a lo dibujado en el papel y acompañado de un equipo de «niños deliciosos y traviesos» ha construido un mundo de fantasmagorías donde vemos pedazos del puzzle vital de los personajes y por momentos, nos dejan entrever los rincones oscuros donde juegan a la ruleta rusa del amor.
Si quieren ir a ver un trabajo ligero y divertido, no vayan a ver Dorian, solo han de acudir aquellos espectadores que deseen sentarse sobre butacas forradas de cuchillas de afeitar. Ahora bien, si quieren vivir una experiencia inquietante, vayan a ver esta obra a La Pensión de las Pulgas y dejen que Dorian deslice por su nuca los labios y… no abran los ojos después.

Javier Villán
El otro dia vi Dorian, un texto magistral de Carlos Be que supera al de Oscar Wilde, que, dicho sea de paso, nunca me suscitó entusiasmos a excepción de La balada de la cárcel de Reading: «sabed que todo hombre mata lo que más ama; los valientes con la espada, los cobardes con un beso». Puede que ahí esté el mejor Oscar Wilde; y puede que de ahí se nutra este Dorian de Carlos Be. Aquí hay crímenes, traiciones, deslealtades. Y el retrato maldito, la mejor obra de un pintor tan maldito como el modelo; y un borratajo destructor sobre el cuadro, la palabra asesino que en su rostro lleva inscrito el bello Dorian: la belleza maldita, la inocencia criminal.
Hay mucho Wilde, creo yo, pero también hay mucho Carlos Be: la belleza como elemento de poder.

Agustín Cascales
Su Dorian es un sujeto de seducción masiva, de cara a los otros personajes, masculinos y femeninos, y también frente a los espectadores.
