Barcelona, 5 de marzo de 2026:
«Llevaba un par de años en Madrid. Había venido desde el sur como actor, y aunque ya había escrito alguna obra, todavía no sabía que, con el tiempo, la escritura acabaría siendo el centro de mi oficio —así empieza Paco Gámez el prólogo que me escribió para Perdona que te quiera, publicado por Primer Acto en la antología Esto no es una antología. Y prosigue—. Por entonces, iba mucho al teatro, y fue ahí donde descubrí el trabajo de Carlos Be. Sus funciones en La Casa de la Portera (Elepé, con ese humor tierno y lleno de juego, y Peceras, una pieza valiente y cruda sobre la violencia) me marcaron profundamente. Su escritura no solo entretiene: incomoda, despierta, atraviesa. Es un teatro que se siente urgente, que no pretende agradar, sino abrir preguntas. Que obliga a mirar de frente, incluso cuando lo que hay delante no resulta fácil de nombrar.
»Tiempo después supe que Carlos ofrecía mentorías de escritura. Fue una grata sorpresa descubrir que alguien con su recorrido abría espacios tan accesibles y generosos para acompañar procesos creativos. Me apunté sin pensarlo demasiado. […] Ahí empecé a encontrar una voz, a entender qué me interesaba contar, desde dónde y con qué herramientas —aquí me salto una comparación que hace Paco entre mi mirada y la de Buster Keaton, ¡que me sonrojo!,* y también escribe sobre el Torneo de Dramaturgia en el Teatro Español en el que coincidimos y él ganó, ¡enhorabuena de nuevo por ello!, para concluir con—:
»Sin Carlos Be, probablemente yo no sería el autor que soy hoy. Quizás, incluso, no habría vuelto a escribir. Le debo más de lo que él sospecha —¡me derrito!—. Le doy la enhorabuena por todo lo recorrido, por su carrera, por su coherencia, por seguir ahí con la misma fuerza. En una profesión que a veces puede volverse áspera u hostil, Carlos es un ejemplo de trabajo y de bondad».
Muchas gracias, querido Paco.
* ¡Leches, qué más da! «Sus ojos quietos como los de Buster Keaton, veían más de lo que decían. había en esa mirada algo entre la ternura y la precisión, que bastaba para empujar el texto un poco más allá, sin necesidad de una corrección explícita». ¡Me siento hasta fabulado!




Deja un comentario